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Borregos e instituciones. El Estado marca el ritmo

In Uncategorized on noviembre 12, 2009 at 12:21 am

2 Cosas he aprendido en la vida. La una es “No hay matiz de rebeldía que sobreviva en el individuo al instituto normalizador de la gran maquinaria social” – Greil Marcus

y la otra “No hay insomnio que aguante 2 Chaquetas” – Vox Populi

El fenómeno de oficializarse o apegarse a las instituciones pasa en todos los ambitos, es como amansar a quien decía sentirse una pesadilla contra el sistema. La familia es uno de los factores principales del amansamiento, pues el estado ataca duro y directo donde más duele a quien le pone contra.

El Estado crea las formas, las reglas y acciona su aparato represivo cuando se pasa alguien de necio. Las instituciones, empresas culturales o de información atrapan al individuo cortando de tajo su ideología echando unos cuantos billetes a su cartera, ofreciendo puestos burocráticos o directivos de alguna institución ya sea política o cultural o sino persecución, carcel, tortura y en los peores casos la muerte.

He conocido algunas personas que me han aportado ideas revolucionarias, ideas críticas al sistema que encaminan la causa del descontento social.

Hasta hoy pareciera que tal fenómeno de institucionalizarse es normal y que así debería ser, creando un panorama desolado para las ideas revolucionarias.

Los jóvenes hoy en día no exigen, no demandan, no tienen voz, o por lo menos no se ha logrado escuchar. Hasta el día de hoy no se sabe que es lo que andan buscando ni que es lo que quieren, la pasividad a que nos acostumbramos parece ya casi un yunque marca ACME encima de nosotros, nos negamos a todo y a veces a la misma vida.

La organización ha pasado a la escena virtual, complicando aún más el enfrentamiento con la realidad… La Juventud se ha colapsado.

Como decía Chava Allende:

“Ser jóven y no ser revolucionario es una contradiccion casi biológica”

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Testigo mudo por la indiferencia

In Uncategorized on noviembre 7, 2009 at 11:04 pm

Hoy como siempre caminando por la Calle Vizcaya con mis pasos cortos y agüevados, mi cabeza en todas partes menos por donde voy, por donde camino escuché un trancazo, un golpeteo en el asfalto. Una camioneta Chevrolet 1500 Color gris se alejaba dejando en el suelo a una pequeña de no menos 4 años llorando, supuse que había sido atropellada pues vi que seguía en el suelo, mi primer reacción fue acercarme lo más pronto posible para tratar de auxiliar a la pequeña acompañada de su hermanita de no menos 6 años iban rumbo a un tendajillo a comprar alguna cosa, no se que cosa.

Al acercarme a ellas la pequeña seguía llorando pero no le encontraba golpes en sus piernitas, solo traia un sangrado en la cabeza, su hermanita la levanto, y en eso salió una señora del tendajillo, pensando yo que era la madre le dije – atropellaron a una niña!,con cara de angustia me dijo que no era la madre y su reacción después fue de enojo porque la madre las dejaba salir solas a la tienda en una calle transitada…después salieron los vecinos, el conductor responsable se detuvo, (se orillo a la orilla)  algún familiar apareció, nadie reaccionaba, la niña seguía dolida de su cabeza, alguien en la confusión me quiso acusar, preguntandome si yo fui, casi afirmándolo, cuando yo ni auto tengo.

Seguí mi camino rumbo al trabajo con el estomago revuelto quizás por ver la sangre o de rabia, las preguntas e hipótesis merodeaban mi choya una y otra vez… ¿que se pudo hacer? ¿que se debe hacer?  ¿y si fuera mi hija?

Encontré algunas respuestas más no se si solucionarán algo las situaciones futuras.

La ignorancia es culpable del accidente, la pasividad a que nos acostumbramos día a día, la corrupción, y el amor al dinero pueden hacer que la vida de quien sea, nos parezca por instantes indiferente, nunca apareció la madre y quien cargaba a la niña no dijo ser ni pariente. ¿Miedo de aceptar la culpa? ¿Porqué los vecinos reaccionaron y nunca vi la imagen de la madre enfurecida con el responsable?

Quedé atónito ante la indiferencia y la poca empatía de los demás, solo un compa ya grande estaba enfurecido y pedía una ambulancia o que alguien la llamara.

¿Cuántos accidentes ocurriran así en México?