Neorama

Memorias para el futuro

In Uncategorized on septiembre 12, 2012 at 6:47 am

Por Nestor Barrera

 

Los días pasan, la indignación y el rechazo colectivo hacia la perversa imposición se vuelve lentamente menos intenso. Con el avance del tiempo se vuelve más común la resignación. Voces como “la próxima será la vencida” y “tenemos que formar un frente común o un nuevo partido” brotan como un manantial de esperanza pero también de conformidad, de luz pero también de sumisión. “Prohibido rendirse, la lucha sigue” lo decimos algunos con hipocresía y otros con sinceridad, algunos con miedo y otros con valentía, algunos con un objetivo individual o otros con un fin común. 

 

“Debemos empezar el cambio por nosotros mismo,” es cierto y así lo podemos hacer algunos cientos de miles de mexicanos pero ¿el cambio será contagioso? ¿El cambio individual hará que caiga la malicia, la apatía, el conformismo, la envidia, el egoísmo y otras malas costumbres que reinan en nuestra sociedad? ¿será un efecto domino o nos encontraremos con que el individuo a nuestro alrededor rechaza cambiar sus hábitos, su modo de vida? El cambio individual no es, siempre, origen de un cambio colectivo en una sociedad. Como ejemplo están tantas personas dignas de ser imitadas o al menos de seguir su camino y no ha existido un cambio verdaderamente colectivo. 

 

El sistema no permite ese cambio. Muchos no queremos entender que hagamos lo que hagamos el sistema no lo permitirá. Para lograr un cambio colectivo es imperativo cambiar el sistema, dirigirlo hacia la luz y sacarlo de la obscuridad; hasta entonces nuestros esfuerzos serán casi inútiles pues podremos cambiar rebaños pero nunca una sociedad completa. ¿Pero cómo podemos cambiar el sistema? La respuesta es simple, apoderandonos de el, haciendonos su dueño, sus amos. Es lógico que no existen otra forma de lograrlo mas que derribando al mal gobierno. El manantial de esperanza y luz poco a poco se ira terminando hasta cuando logremos entender que no habrá una oportunidad legal, pacifica y demócratica en nuestro país para que la verdadera izquierda triunfe. La cúpula del poder y el stablishment nos han demostrado que tal cambio no será permitido. Ellos se han apoderado del sistema y jamas lo soltaran en volición.

 

¿Quién nos ha dicho que el mexicano quiere cambiar, que quiere dejar de “ser gusano para convertiste en águila”? Nadie. Lo podemos intuir, lo podemos entender, lo podemos observar pero la inmensa mayoría de los mexicanos no quieren un cambio verdadero ya sea por miedo, por ignorancia o por conformismo. “Nunca seremos dichosos, ¡Nunca!” profetizó el libertador Bolivar después de que su revolución no triunfó y antes de ser derrotado. Comprendió, tal vez, que la única forma para lograrlo, en sus días, era la misma revolución puesto que de otro modo seria imposible.

 

Revolución es un cambio, una transformación contundente e importante; una renovación forzosa en una sociedad, solo así se podrán cambiar aquellos que temen ser cambiados y podrán beber de la fuente del bienestar, de la justicia, de la tranquilidad, de la igualdad y no solamente beberán gotas de ello. Y sí, somos apáticos, conformistas y valemadristas pues nos han dado algo que perder, ese pedacito de bienestar, ese pedacito de riqueza material que nos mantiene esclavos del sistema y nos ciega. El sistema actual nos ha dado algo que perder, pero tenemos en realidad mucho más que ganar.

 

“Los pueblos tienen el gobierno que se merecen” dijo Maquiavelo, mas también dijo “la minorías no tienen sitio cuando las mayorías tienen donde apoyarse” y estoy convencido que tenía toda la razón pues somos un pueblo con libre albedrío o al menos deberiamos serlo. Debemos superar los desafios y al mismo tiempo ser desafiantes. La lucha por justicia es nuestra, la lucha por prosperidad es del pueblo.

 

Ya una vez expresé que en México será muy difícil el triunfo de una transformación violenta pues no tenemos nada a nuestro favor, y es verdad. Sin embargo, defender México del enemigo domestico y del extraño, “el sistema,” es nuestro derecho y, mucho más, es nuestra obligación como hijo de la patria.

Texto tomado del perfil http://www.facebook.com/nestor.barrera.146

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